Me acerqué a observar los esqueletos de las ruedas que estaban recostadas en la cuneta de las ediciones pasadas. Somos puntos de la circunferencia de una rueda, recordé. Aún sin enllantar, los rayos encastrados en la pina daban a las piezas cierta reminiscencia marcial, cierta evocación de rueda de guerra y conquista, de derrota y alegría. He venido a ser hermano de los dragones, y compañero de los búhos, aullé. Después nos tocará a nosotros hacerlas girar, ofrecer sudor, huesos rotos, sangre de estirpe, aliento a cerveza. Sí, giraremos hacia la victoria porque quiero mirar a los ojos a los hijos ingleses del Ciervo, necesito este triunfo más que nunca a pesar de que más de una vez me he preguntado si hice bien en ocupar el puesto en la vanguardia de la jauría. Creo que en el fondo no elegí este camino, este lugar. Me alistaron y con el tiempo me lo creí. Lo llevo tatuado en mi abismo.