Enchedela de Calacús
Quien lleva un borracho dentro, quien lleva un borracho que al despuntar el día abre sus alas largas
En el último capítulo hablábamos de una manada de animales hipoxifílicos adictos a los espacios mal ventilados. En la larga marcha hacia el reverso de la lógica, sus cuerpos patafísicos se arrastraban sostenidos por aquella mitomanía nostálgica de idealismos que parecía fértilmente sembrada de cadáveres de figuras parentales pero luego no tanto. No tanto porque esos padres, putativos en su mayoría, se resistían a morir calladamente, como se ha demostrado, pero con enconada insistencia, debido a tentadoras promesas de tiempos por venir que les valían tanto como un cielo eterno de cerveza o un paraíso lleno de huérfanas-para-siempre. "Sigue sigue que yo te aviso", les cantaba el demiurgo exhalándoles contra el occipucio con hálito vehemente. A los animales y a los padres.

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