El frío nórdico es leyenda. Le Main afirmó en Yardley Gobion que el frío puede tener valores morales. Le creímos. Sólo tres regresamos a Galiza. Y no podemos contar lo que pasó. Pero podemos vengarnos. En la sociedad postmoderna, la tribu es el medio hooligan de comunicación, la pantalla para comunicarnos con este mundo agonizante y combatir la basura de albañal que nos amenaza. Por tanto, debemos convertirnos en minoría étnica con conciencia de sí misma, y luego seremos una minoría cultural. Se globalizarán los objetos, los ordenadores, los móviles, las putas redes sociales, los programas de la tele, y demás embudos de pastoreo ideológico. Pero nosotros, en cambio, nos tribalizaremos en las aceras y en los pubs. Seremos tribu. La tribu es la posibilidad, es una estética y un destino en lo bestial. Lo folk inviste lo urbano desde adentro y le vuela la cabeza. Los calendarios de los antiguos nórdicos eran nocturnos: contaban el tiempo por noches. Ellos eran sabios. Nosotro...
Nadie en aquel mundo de grandes señores —que reían, cazaban y guerreaban, que no dejaban de pensar en el enemigo, en el rival, pero que raras veces se aburrían y nunca trabajaban— escapaba por mucho tiempo a la idea de un diablo gesticulante, que reinaba sobre el eterno espanto del infierno. Nuestra vida de hoy, que se cree racional, es, en parte, un tejido de contradicciones.
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