Sempre Afogou Máis Xente No Interior Dos Vasos Ca No Mar. A Longa Noite Dos Escrequenados Caranguexos
Pasadas as 8 da noite os Macabros afinaban os instrumentos. Na proba de son os ritmos motorfolk alternaran co punk de garaxe de letras escatolóxicas. Os concorrentes ían enchendo o local. O Main , no seu lugar reservado, contra a fiestra de vidreira de liñas góticas e debuxos de corvos e lobos nórdicos. Apuraba de xeito viril, máis con aire trivial, case descoidado, a súa terceira pinta. Ou sería a quinta?. Fora esmorecían os derradeiros raios de sol. De costas á ventá, coa faciana apenas distinguible, aínda que todos os presentes sabían que era Él . Quen ía ser? Ninguén máis ousaba ocupar naquela mesa.

La autopista de noche
ResponderEliminarEl coche es extraño. A la vez, como una diminuta casa familiar y como una nave espacial. Al alcance de la mano, unos caramelos de regaliz mentolada. Pero en el cuadro de mandos, esos polos fosforescentes de color verde eléctrico, azul frío, naranja pálido. Ni siquiera tenemos necesidad de la radio —dentro de un momento quizás, a medianoche, para escuchar las noticias—. Es agradable dejarse seducir por este espacio. Por supuesto, todo parece dócil, todo obedece: el cambio de marchas, el volante, una pasada de limpiaparabrisas, una ligera presión en el elevalunas. Pero, al mismo tiempo, el habitáculo nos maneja, impone su poder. En ese silencio acolchado de soledad, estamos un poco como en una butaca de cine: la película desfila ante nosotros y parece lo esencial, pero la imperceptible levitación del cuerpo da la sensación de una dependencia consentida, que también cuenta lo suyo. Afuera, en el haz de los faros, entre el carril a la derecha y los matorrales a la izquierda, reina la misma quietud. Pero abrimos el cristal de golpe y el exterior viene a abofetear nuestra somnolencia: es la cruda velocidad que resurge. Afuera, ciento veinte kilómetros por hora tienen la densidad compacta de una bomba de acero lanzada entre dos carriles.